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Sincericidio o la sinceridad impulsiva

Publicado el 28 mayo 2021 - #Conocimientos

sincericidio: la sinceridad impulsiva

En este blog queríamos hablar de un tema que sale mucho en consulta: la “sinceridad”. Y entrecomillamos la palabra porque nos parece importante darle una vuelta a ese término tan utilizado y, en muchas ocasiones, mal entendido. Ya que a veces se ha empleado como justificación de determinadas conductas comunicativas que pueden suponer malestar.

La sinceridad se define como la falta de fingimiento en las cosas que se dicen o en lo que se hace. Socialmente, le hemos atribuido un valor muy importante ya que entendemos que una persona se comporta con sinceridad cuando la explicación detrás de lo que hace es «verdadera».

A partir de aquí nosotros nos planteamos la siguiente pregunta: ¿podemos pasarnos de sinceros?

Todos nos hemos encontrado en algún momento con alguien que, desde su sentido de la sinceridad, nos ha hecho un comentario del tipo: “estás más gordita”, “eres bastante desastre”, “¡qué mal te queda ese corte de pelo!”, “no creo que te estés esforzando”, “no es tan grave»… Y lo termina alegando que <<no te lo temas a mal, yo es que soy muy sincero/a».

De esta forma, en las redes sociales también podemos ver muchos ejemplos de cómo se juzga, se critica y se hiere a otras personas bajo la idea de “decir la verdad” o de sincerarse.

A decir la verdad sin filtros, sin límite, sin pararnos a pensar en las consecuencias de nuestro acto de comunicación lo hemos empezado a llamar sincericidio. Para nosotros, además, es una forma de comportarse o de actuar. Para nosotros es sincericidio o la sinceridad impulsiva.

Y como en consulta vemos a menudo los efectos que tienen este tipo de actos impulsivos de sinceridad sobre la autoestima y la salud mental queremos plantear lo siguiente: el lenguaje es como una moneda con su cara y su cruz. La cara nos acerca a los demás y nos ayuda a explicar el mundo, nuestro interior y el que nos rodea. Y la cruz nos permite establecer distancia y nos aleja de todo eso. Y, por supuesto, no existe la una sin la otra.

A veces, vamos tan en automático que nos cuesta pararnos a elegir desde dónde queremos decir las cosas y para qué las estamos diciendo.  El sincericidio significa todo lo contrario a elegir. Es una conducta impulsiva, que puede hacer daño a los demás porque no mide el impacto de las palabras y que confunde la opinión con la verdad absoluta.

Así, la forma en la que empleamos nuestro lenguaje a la hora de ponerlo al servicio de nuestra sinceridad nos puede acercar o alejar de una forma humana y escogida con libertad de expresar a los demás nuestras verdades.

Por ello, aquí os proponemos algunas preguntas que podemos hacernos antes de cometer sincericidio o la sinceridad impulsiva:

¿Cómo puede afectar a la otra persona mi opinión personal?
¿Para qué lo estoy diciendo?
¿Puede resultarle útil a la otra persona?
¿Estoy utilizando mi lenguaje de manera agresiva?
¿Estoy invalidando lo que siente otra persona?

Y al final, recuerda que no se trata de mentir si no de buscar la mejor forma de expresar lo que piensas y lo que sientes.

La ilustración que acompaña al blog es de nuestra Directora de Arte Laura Calvo.

¿Por qué hacemos lo mismo si sabemos que no funciona?

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