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El refuerzo intermitente en las relaciones tóxicas

Publicado el 4 junio 2021 - #Conocimientos

el refuerzo intermitente en las relaciones tóxicas

Seguro que en algún momento has conocido a una pareja que sufre mucho dentro de su relación. Hay continuas discusiones, y parece que no compensa lo bueno frente a lo malo, pero igualmente continúan estando juntos. Sin duda, este es un debate complejo y hay muchas razones por las que se crean y mantienen relaciones poco saludables, pero un elemento que suelen tener la mayoría en común es la presencia de conductas reforzadas de forma intermitente.

¿Qué es el refuerzo intermitente?

Es un mecanismo de aprendizaje que se encuentra de manera constante en la naturaleza y en nuestra vida cotidiana. Y se demuestra por primera vez por el psicólogo conductista B.F. Skinner.

B.F Skinner comprobó con ratones que, si tras hacer una conducta como tirar de una palanca, a veces se proporcionaba refuerzo (trocito de comida) y a veces no, el ratón repetía muchas más veces y de forma más caótica la conducta de tirar de la palanca (refuerzo intermitente). Esto contrastaba con el ratón al que siempre le daban comida tras tirar de la palanca (refuerzo continuo), que lo hacía menos veces.

En esencia el refuerzo intermitente es eso: ante una misma acción a veces seré recompensado y otras no. Por decirlo de otra manera, la incertidumbre «engancha» más que lo previsible.

Desde que se demostró este principio de aprendizaje, se ha utilizado para múltiples juegos de azar, como es el caso de las máquinas tragaperras. Ante la tragaperras se realiza una conducta (meter una moneda) y a veces esta conducta será reforzada (recibes monedas) y otras no. Y esto se produce bajo un patrón indescifrable por la persona, generando así una mayor atracción hacia esta clase de juegos.

¿Qué ejemplos de refuerzo intermitente nos encontramos en nuestra vida cotidiana?

Un ejemplo bastante actual sería el de las notificaciones de WhatsApp. Ante la conducta de encender el móvil a veces seré reforzado (tendré mensajes o notificaciones) y otras no. Y sin darme cuenta al poco tiempo volveré a encenderlo y volveré a «comprobar» si hay o no mensajes.

Otro ejemplo podría ser abrir la nevera en busca de comida que nos pueda apetecer en ese momento. A veces encontramos la comida que nos apetece y otras no. El algún momento nos hemos podido descubrir abriendo la nevera, viendo que no hay nada que nos apetezca y a los 5 minutos volviéndola a abrir. Como si por arte de magia fueran a aparecer los alimentos deseados.

Muchas conductas que solemos hacer de «comprobar» que efectivamente no se da lo que esperábamos se han establecido, en muchas ocasiones, por refuerzo intermitente. Aunque nunca vuelva a existir la posibilidad de ser reforzado.

Pero, ¿qué diferencia hay entre estos comportamientos y otros adictivos?

Aunque estos comportamientos se pueden considerar adictivos, (como volver a la nevera o volver a mirar si tenemos mensajes), no se pueden comparar con la adicción que generan las máquinas tragaperras. O con la «adicción» que se genera en algunos aspectos de las relaciones menos saludables. Esto es debido a que nosotros no somos roedores, y tenemos la capacidad lingüística para dar explicación y regular nuestras conductas.

De esta manera, no es lo mismo que nosotros miremos el WhatsApp porque estemos un poco aburridos y busquemos de una distracción a que lo miremos repetidamente porque la persona que nos gusta nos ha dejado un mensaje en visto.

En este segundo caso el refuerzo intermitente se potencia por pensamientos y reglas de por qué y cómo se está produciendo esta situación.

¿Por qué no me contesta?

No te preocupes.

Seguro que en un rato me contesta.

Miramos el móvil.

¿Por qué no me contesta?

A lo mejor he dicho algo inapropiado.

Comprobamos la conversación.

No. No he dicho nada malo…

Y esto se puede alargar tanto…

Y entonces, a los dos días (cuando ya se nos estaba olvidando) de repente nos contesta. El refuerzo que se produce en ese momento en mucho más poderoso que el que se hubiera producido si nos hubiera contestado al rato de enviarle el mensaje. Porque a toda la incertidumbre que hemos sentido se suma el alivio del malestar generado. Y ese alivio del malestar es profundamente reforzante.

Porque tenemos muy identificado que un refuerzo es «algo bueno», algo «positivo» y, sin embargo, no prestamos tanta atención al hecho de que «quitarse algo malo» también es un refuerzo.

El refuerzo intermitente en las relaciones de pareja

Un ejemplo de la presencia de refuerzo intermitente en las relaciones de pareja, sería la frecuente alternancia entre estar muy bien y a gusto en la relación con estar muy mal y a disgusto. Si en la relación hay fuertes discusiones o periodos de malestar y después se dan reconciliaciones y periodos de bienestar, se generan pensamientos de incertidumbre por el efecto del refuerzo intermitente.

Así, un día te vas a tu casa pensando: <<Esto no va a funcionar, estamos siempre mal, tengo que dejar esta relación.>> Y a los dos días: <<¡Qué bien estamos ahora! Si es que nos quememos mucho. Seguro que vamos a poder estar bien.>>

Seguro que en algún momento habréis escuchado a alguien decir: <<Nosotros nos queríamos mucho. Pero también nos hacíamos mucho daño.>>

Este tipo de relaciones, en muchos casos, se recuerdan con añoranza, porque el efecto del refuerzo intermitente ha reforzado creencias y pensamientos en torno a lo apasionada e intensa que era la relación, a la sensación de necesidad física que se sentía por la otra persona.

Por todo ello, puede suceder que las personas que han estado en este punto y establecen relaciones más sanas pueden sentir que no quieren tanto a su actual pareja como querían a la persona con la que tenían una relación más marcada por refuerzo intermitente.

Este tipo de pensamientos, que pueden generar mucha confusión, pueden ponernos en la dificultad de distinguir entre lo que es una relación saludable y una relación guiada, entre otras cosas, por la dependencia generada por el efecto del refuerzo intermitente.

No obstante, no está de más volver a recordar que cada relación de pareja es diferente y complejo. Sería un error reducir una relación toxica solo a este tipo de reforzamiento, y dejar de lado las características individuales de cada persona y del contexto en el que se encuentran.

La ilustración del blog la ha hecho nuestra directora de arte Laura Calvo.

Esta entrada de blog está escrita, conceptualizada y creada por Rafael Pérez Gómez. Rafa es alumno de cuarto del Grado en Psicología por la Universidad Camilo José Cela y ha realizado sus prácticas con nosotras.

Muchas gracias, Rafa, por la dedicación y el esfuerzo demostrado en tus prácticas con nosotras.