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¿Por qué no soy así?

Publicado el 28 julio 2021 - #Conocimientos

¿por qué no soy así?

“¿Por qué no soy así?” Probablemente en algún momento de tu vida te has hecho esta pregunta. A nosotras en la consulta nos la hacen con bastante frecuencia. 

Desde que somos pequeños aprendemos a ver el mundo desde la comparación. Después de la comparación, comenzamos a relacionar de forma causal las cosas que comparamos. Por ejemplo, con ideas como que si una persona con unas determinadas características le gusta a los chicos y, al compararme con ella, yo no me parezco a esa persona, entonces no podré gustarles.

Y como esa es la forma en la que nos enseñan a pensar, nuestra sociedad se encarga de mantener estas ideas. Para comprobarlo sólo tienes que pararte un momento a pensar: ¿Cómo son las protagonistas de la mayoría de las series o películas que he visto? En la mayoría de ocasiones pertenecerán a una serie de cánones o estereotipos concretos de belleza, físico y características psicológicas y emocionales. Y si no tienen una belleza normativa probablemente de eso tratará la trama: «la historia de cómo una chica normal y poco exitosa se convierte en una chica normativa y alcanza la verdadera felicidad».

Tenemos la creencia de que teniendo unas determinadas características físicas nos convertiremos en personas más valiosas y más dignas del amor y la aceptación de los demás.

Aquí aparece uno de los principales problemas: hemos asumido que si somos más atractivos nuestra vida será mejor. Es en ese punto cuando todos nuestros esfuerzos se centran en eso, abandonando o dejando de lado el resto de cosas de nuestra vida que son importantes para nosotros.

¿por qué no soy así?

Sin embargo, en nuestra práctica terapéutica podemos ver cómo muchas personas con ese físico tan deseable a nivel social sienten una baja autoestima. ¿Esto a que se debe? Pues a que si asumimos que alguien nos quiere por nuestro físico, no reforzamos nuestra autoestima, reforzamos la idea de que nuestro físico es la causa de nuestra autoestima, generando el efecto contrario con respecto al resto de características de mi identidad, que quedan supeditadas a mi aspecto. Así, giramos entorno a la idea de que únicamente merecemos ser queridos por algo externo y dejamos de lado el resto de cosas.

Nos encantaría que te hicieras otra pregunta más: de todas las personas que quieres, de todas las personas que sientes que han marcado un punto importante en tu vida, ¿qué es lo que te hacía quererles y admirarles? ¿Su cuerpo?

La consecuencia de creer firmemente en esos pensamientos es que dejamos de hacer cosas que nos dirigen a quienes queremos ser para centrarnos en esconder todo lo malo que creemos que tenemos intentando ponernos un disfraz de alguien que es «mejor» que yo.

Por otro lado, caemos en algo llamado profecía autocumplida.

Esto implica hacer cosas que permitan demostrar la veracidad de ese pensamiento que tanto ruido mental hace. Por ejemplo, si tengo el pensamiento de que con mi cuerpo no puedo caer bien a la gente, puede sucederme que cuando estoy con otras personas tomando algo en un bar no hable con los demás, no participe, no les miro a los ojos, etc. De esta forma, es más probable que me cueste generar relaciones duraderas con los demás y lo atribuya a una causa externa como puede ser el cuerpo. Esto pone el foco de mi atención en restringir comida, compensar con ejercicio, atracarme o purgarme, en lugar de trabajar la manera de relacionarme con los demás.

¿por qué no soy así?

Antes hablábamos de cómo nos influye nuestra sociedad en todo esto y queremos hacer referencia a un concepto importante: la Gordofobia. Seguro que en redes sociales habréis visto posts, stories, reels de personas que no sienten culpa al comer, disfrutan de otras cosas, hacen deporte por diversión y no con fines estéticos, y tienen un peso que no es normativo ( pero sí saludable) y además presumen de él. Es probable que si te vas a los comentarios veas algunos que le recriminan que incita a la obesidad. Hemos llegado a un punto en el que anuncios como: “adelgaza en dos semanas 10 kilos” son normales, aceptables y saludables. Sin embargo, a las personas que no giran su vida en torno a este tipo de exigencias se las tacha de:

Poco saludables, despreocupadas y que no se cuidan.

¿Para qué esperamos ser así?

Las redes sociales nos enseñan cada día personas con vidas idílicas, maternidades fáciles y de ensueño, matrimonios perfectos, personas que comen de todo y tienen cuerpos delgados y gente que tiene muchísimos amigos y que continuamente hace planes divertidísimos. Puesto que esto es lo que se ve de forma habitual, llegamos a sentir la sensación de que necesitamos esa vida, la de personas que en muchas ocasiones ni conocemos, para poder ser felices.

Nos hemos terminado creyendo que la única manera de sentirnos bien es ser de una manera en concreto y se nos olvida que la felicidad es un estado emocional. ¿Alguna vez has ido consiguiendo cosas que creías vitales para ser feliz y no has sentido eso que esperabas? Quizá estamos viviendo la vida en base a unos objetivos que nos frustran en lugar de centrarnos en el camino que recorremos con todo eso que vamos sintiendo.

La ilustración es de nuestra directora de arte Laura Calvo.