Blog

El cerebro adicto cómo se forman las adicciones

Publicado el 28 octubre 2025 - Sin categoría

cerebro adicto adicciones adiccion y dependencia

Cuando pensamos en adicciones solemos imaginar solo el hábito o la conducta, ignorando lo que realmente ocurre en el cerebro cuando esta se forma. No se trata solo de una falta de fuerza de voluntad o de tomar malas decisiones. La adicción es un proceso complejo que cambia la forma en que funciona nuestro cerebro, haciendo que cada vez sea más difícil decir “no”. En este blog te explicamos cómo empieza una adicción, qué pasa en nuestro cerebro y por qué algunas personas son más vulnerables que otras. 

La palabra “adicción” deriva de un término latino para “esclavizado por” o “atado a”. En la actualidad, las adicciones se entiendes como un trastorno crónico y recurrente del cerebro que se manifiesta mediante la búsqueda compulsiva de recompensas, ya sea a través del consumo de sustancias o de la realización de ciertas conductas. 

Este trastorno implica, por un lado, una pérdida de control sobre el comportamiento, donde la persona continúa con el consumo o la conducta adictiva a pesar de ser consciente de sus consecuencias negativas. Por otro lado, se observa una dificultad para resistir el impulso de repetir esa acción, generando una dependencia que afecta su vida diaria.

Este impulso no es simplemente una elección consciente, sino que está influenciado por cambios en el cerebro que afectan la capacidad de resistir la tentación. Esta enfermedad cambia tanto la estructura como la función del cerebro. Así como la enfermedad cardiovascular daña el corazón y la diabetes daña el páncreas, la adicción se apropia del cerebro.

Aunque comúnmente asociamos la palabra “adicción” con las drogas, existen muchas otras formas de adicción. Estas pueden dividirse en dos grandes grupos: adicciones a sustancias y adicciones comportamentales.

Involucran el uso de sustancias que afectan el sistema nervioso central y pueden llevar a una dependencia física y/o psicológica. Algunos tipos son:

Es una sustancia legal en la mayoría de los países, lo que ha llevado a una percepción social menos negativa. Sin embargo, su consumo excesivo puede causar daños hepáticos, trastornos mentales y problemas sociales. De hecho, causa más muertes al año que muchas drogas ilegales juntas. Según la OMS, cada año mueren 3 millones de personas en el mundo por causas relacionadas con el alcohol, representando alrededor del 5% de todas las muertes globales. 

Aunque su uso medicinal es reconocido en algunos contextos, el consumo recreativo puede generar dependencia y afectar la memoria y la concentración. Esto es especialmente grave en jóvenes y adolescentes, cuyos cerebros aún están en desarrollo. El consumo habitual puede disminuir el coeficiente intelectual hasta en 8 puntos. Además, se estima que hasta el 35% de los primeros episodios psicóticos en jóvenes están relacionados con el consumo de marihuana de alta potencia.

Es una de las sustancias más adictivas que existen. En estudios de adicción comparativa, la nicotina ha mostrado ser más adictiva que la cocaína, el alcohol e incluso la heroína, en cuanto a cómo de rápido una persona desarrolla dependencia. Su consumo está relacionado con enfermedades cardiovasculares, respiratorias y diversos tipos de cáncer.

Es un potente estimulante que puede provocar euforia seguida de depresión, ansiedad y paranoia. Su uso continuado puede llevar a trastornos psiquiátricos graves.

Estos analgésicos potentes pueden causar una rápida dependencia física. La sobredosis es un riesgo significativo, y la abstinencia puede ser extremadamente difícil.

Son estimulantes que aumentan la actividad cerebral, pero su abuso puede llevar a psicosis, pérdida de memoria y daño cerebral.

Utilizadas para tratar la ansiedad y el insomnio, pueden generar dependencia si se usan por períodos prolongados.

Estas adicciones no implican el consumo de sustancias, pero las conductas repetitivas también activan el sistema de recompensa del cerebro.

Caracterizada por la necesidad incontrolable de apostar, puede llevar a problemas financieros, laborales y personales. Según estudios neurológicos, el cerebro de una persona con ludopatía se activa de manera similar al de un consumidor de cocaína cuando está frente a una máquina tragamonedas o hace una apuesta.

La necesidad compulsiva e incontrolable de involucrarse en actividades sexuales o consumir contenido pornográfico, a pesar de las consecuencias negativas en su vida personal, laboral o emocional. Esta conducta puede generar aislamiento, pérdida de relaciones, sentimientos de culpa y dificultades para mantener una sexualidad saludable.

La necesidad irresistible de comprar objetos, a menudo innecesarios, puede llevar a deudas y conflictos familiares. El auge del comercio electrónico y las promociones constantes han aumentado los casos, ya que la compra impulsiva es mucho más fácil.

El uso excesivo de videojuegos puede afectar el rendimiento académico, laboral y las relaciones sociales. En casos graves de adicción, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes, se han documentado síntomas de abstinencia psicológica similares a los de las drogas, incluyendo ansiedad, irritabilidad, insomnio y agresividad cuando se les impide jugar.

El uso compulsivo de Internet y redes sociales puede llevar al aislamiento social, ansiedad y depresión. Se estima que entre el 6% y el 11% de los usuarios de internet a nivel mundial presentan algún tipo de uso problemático o adictivo, especialmente entre adolescentes.

La necesidad constante de trabajar puede afectar la salud física y mental, así como las relaciones personales. Las personas con adicción al trabajo tienen un mayor riesgo de sufrir insomnio, ansiedad y enfermedades cardíacas, y estudios han encontrado que trabajar más de 55 horas por semana aumenta en un 33% el riesgo de accidente cerebrovascular.

cerebro adicto adicciones adiccion y dependencia

Para empezar, el desarrollo de las adicciones involucran cambios en el sistema de recompensa del cerebro, particularmente en la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la motivación.

El sistema de recompensa del cerebro está formado por un conjunto de estructuras neuronales que se activan ante estímulos que consideramos gratificantes: una comida deliciosa, el ejercicio físico o las relaciones sexuales. Este sistema nos motiva a repetir dichas conductas placenteras, siendo fundamental para nuestra supervivencia, ya que nos incita a aprender y a realizar acciones que nos benefician o nos satisfacen. 

Cuando realizamos una acción que nuestro cerebro interpreta como placentera, se libera dopamina en el cerebro. Esta liberación no solo nos hace sentir bien, sino que también refuerza la conducta que llevó a esa sensación, haciéndonos más propensos a repetirla en el futuro. 

Las sustancias adictivas, como las drogas, pueden secuestrar el sistema de recompensa provocando una liberación masiva de dopamina, de 2 a 10 veces más que recompensas naturales como comer o socializar. A medida que una persona continúa consumiendo repetidamente una droga o una conducta placentera, el cerebro se termina adaptando a los altos niveles de dopamina que se liberan durante la actividad. 

Esto quiere decir que el cerebro interpreta este aumento como un desequilibrio. Para mantener el equilibrio interno, este disminuye la producción natural de dopamina, así como la sensibilidad de los receptores que responden a ella. Esto hace que la dosis que antes resultaba placentera ya no genere el mismo nivel de satisfacción, y como resultado, la persona necesita consumir más de la sustancia o repetir la conducta con mayor frecuencia para alcanzar el nivel de placer del principio. Este fenómeno se conoce como tolerancia

La adaptación del cerebro al consumo repetido de sustancias adictivas reduce su capacidad para experimentar placer con actividades naturales. Esto puede llevar a una pérdida de interés en actividades que antes se disfrutaban, como comer, hacer ejercicio o pasar tiempo con amigos.

Para la persona que consume, la vida empieza a perder el sentido. Sin el aumento de dopamina, todo se percibe más aburrido, monótono y carente de emociones. Esto puede desencadenar el desarrollo de síntomas depresivos

Las adicciones pueden afectar profundamente el estado de ánimo y la salud mental de una persona, llevando a síntomas depresivos como: tristeza constante, pérdida de interés, falta de energía, sentimientos de inutilidad o culpa, dificultad para concentrarse, problemas del sueño o incluso pensamientos suicidas.

De hecho, la adicciones y la depresión pueden alimentarse mutuamente, creando un ciclo vicioso difícil de romper. Una persona puede consumir una sustancia para aliviar su tristeza, pero el consumo prolongado termina empeorando su estado de ánimo.

Además, el consumo constante de la sustancia puede alterar otras áreas del cerebro involucradas en la motivación, la memoria y el control de impulsos, como la corteza prefrontal. Estos cambios estructurales y funcionales dificultan la capacidad de la persona para tomar decisiones saludables y resistir los impulsos de consumir la sustancia, incluso cuando es consciente de las consecuencias negativas.

No todas las personas que consumen una sustancia o realizan una conducta placentera desarrollan una adicción. Sin embargo, existen factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que una persona desarrolle una dependencia. Estos factores interactúan entre sí y pueden ser de origen biológico, psicológico o social.

Algunas personas heredan una mayor sensibilidad al placer o una menor capacidad para controlar impulsos, lo que aumenta su vulnerabilidad. De hecho, según estudios, la predisposición genética puede influir entre el 40% y el 60% del riesgo de desarrollar una adicción.

Cuanto antes una persona comience a consumir drogas, alcohol o a involucrarse en conductas adictivas, mayor será el riesgo de desarrollar una adicción. El cerebro en desarrollo (especialmente en la adolescencia) es más sensible a los cambios neuroquímicos, lo que facilita la formación de hábitos compulsivos.

Crecer en un entorno donde hay familiares con adicciones aumenta significativamente el riesgo, tanto por la genética como por el modelo de comportamiento aprendido.

Trastornos como depresión, ansiedad, TDAH, trastorno bipolar o trauma psicológico no tratado pueden facilitar al consumo como forma de “automedicación”. Según la OMS, el 50% de las personas con adicciones también padecen algún trastorno mental. 

Un entorno familiar conflictivo, la falta de apoyo emocional, el abuso físico o emocional, o la negligencia parental pueden actuar como desencadenantes. También influyen otros factores como las presiones sociales, la normalización del consumo en el entorno, o vivir en contextos de pobreza o exclusión.

Las personas impulsivas, con baja autoestima, alta necesidad de aprobación o dificultad para gestionar emociones suelen estar más expuestas al riesgo. La búsqueda constante de sensaciones intensas (alta sensibilidad a la recompensa) también está asociada con mayor probabilidad de desarrollar adicciones.

Concierta hoy una cita para superar tus adicciones

Si buscas un psicólogo en Madrid que te ayude, en Acimut te ofrecemos a ayudarte a superar tus adicciones. Enfocamos tus necesidades para dar una ayuda integral y personalizada. Si quieres saber más sobre estas herramientas nosotros podemos ayudarte.

Estaremos encantados de ayudarte en nuestro centro Acimut Psicología Aplicada en la calle de Cristóbal Bordiú, 42, Madrid. Puedes concertar una cita en nuestro centro de psicología en Chamberí con nuestros especialistas en el correo info@acimutpsicologia.com o en el teléfono 722 112 469

En Acimut Psicología Aplicada ayudamos a establecer nuevos rumbos.

En nuestro gabinete de psicología en Chamberí podemos ayudarte con tus adicciones. También tenemos servicios de terapia online si no vives cerca de Madrid o Chamberí.

Autoexigencia Nada de lo que hago me parece suficiente

Leer más