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¿La Suerte?

Publicado el 27 septiembre 2021 - Esfuerzos - #Conocimientos

suerte

Hoy queríamos hablar de un concepto que aparece mucho en sesión y del que se habla poco y se dan muchas cosas por sentadas: la suerte. Ese concepto que parece que determina nuestro destino. ¿Alguna vez os habéis preguntado qué es? ¿Dónde está? ¿De qué depende? ¿Para qué nos sirve?

Para empezar, nos gustaría diferenciar entre los dos tipos de suerte a los que solemos referirnos: la “buena” y la “mala”.

Decimos que tenemos buena suerte cuando nos suceden cosas positivas que asumimos, de alguna manera, que no están bajo nuestro control. Un ejemplo sería: ¡He aprobado el examen, qué buena suerte!

En cambio, cuando nos suceden cosas negativas que están o no bajo nuestro control decimos que tenemos mala suerte. “He suspendido este examen qué mala suerte” o “No me han cogido en este trabajo, qué mala suerte”.

Este tipo de frases que decimos diariamente tienen muchas repercusiones psicológicas. No nos damos mucha cuenta, pero la forma en la que empleamos la suerte repercute de forma directa en la forma en la que aprendemos a relacionar las cosas que nos pasan con las cosas que hacemos.

Cuando atribuimos a la buena suerte las cosas positivas que nos pasan dejamos de lado varias cosas: el esfuerzo y la dedicación que hemos puesto en las cosas que hacemos y por otro lado la variable del azar.

Todo esto afecta a nuestra autoestima, ya que vamos construyendo un discurso en el que las cosas que obtenemos a través de nuestro esfuerzo se minimizan ante la fuerza todopoderosa del azar y lo incontrolable.

Lo mismo sucede con la mala suerte. Por un lado, nos permite alejarnos del sentimiento de hacernos responsables de las cosas negativas que nos suceden cuando tienen que ver con el azar y con variables que no están bajo nuestro control. Y, por otro lado, también de las cosas que hacemos que no se ajustan a lo que queremos conseguir.

Por lo tanto, perdemos el sentido de elegir y de ver qué cosas podríamos hacer diferentes la próxima vez en lugar de enfocarnos únicamente en la suerte.

Con todo eso vemos como creer en ella nos hace caer en la idea de que nada depende de nosotros. De que la vida nos va dando cosas y no podemos hacer mas que resignarnos. Nos hacemos insensibles a lo que nos rodea, a lo que hacemos día a día, a los esfuerzos y también a la falta de ellos.

Llamamos suerte a todas aquellas cosas que no podemos predecir, controlar o explicar. Hablamos de ella cuando no toleramos la incertidumbre o las consecuencias de vivir una vida plena, una vida en la que entendemos que suceden cosas que se escapan a nuestro control.

 A veces algunas personas que nos dicen <<¡qué buena suerte!>> cuando conseguimos nuestros logros pueden estar experimentando la emoción de la envidia. Que es una emoción completamente normal, como las otras. Recordemos que la envidia no es mala, que nos facilita darnos cuenta de aquellas cosas que queremos en nuestra vida al verlas en la vida de los demás. El problema aparece cuando aludimos a la suerte de otros infravalorando su esfuerzo, reduciendo así el valor de lo conseguido. Tanto para los demás como para nosotros mismos.

Al final, es muy fácil caer en que los demás obtienen las cosas porque <<tienen buena suerte>> y nosotros no conseguimos esas mismas cosas porque <<tenemos mala suerte>>.

¿Entonces que deberíamos de hacer? Quizá podríamos experimentar que las cosas que dependen de nosotros son las cosas que hacemos. Y esas cosas que hacemos son la única manera de aumentar la probabilidad de que nos pasen las cosas que queremos.

La ilustración, como siempre, es de nuestra Directora de Arte la gran Laura Calvo.