Estilos de apego qué son y cómo influyen
Publicado el 9 julio 2025 - Sin categoría
Podemos encontrar preguntas del estilo “¿Qué estilo de apego tengo?”, “¿Puedo cambiar mi apego ansioso?”, “¿El apego de mi infancia me condena a relaciones tóxicas?” en multitud de ámbitos diferentes, este término, su significado y sus categorías ya no es solo cosa de psicólogos: está en podcasts, redes sociales y hasta en charlas del día a día. Pero ¿Qué hay detrás de este nuevo fenómeno de los estilos de apego?
Hoy en día encontramos en distintas fuentes la teoría del apego como una teoría a partir de la cual podemos explicar gran parte de nuestra forma de comportarnos. Esta teoría podría explicar de manera sencilla algo que forma parte de la vida de todas las personas: las relaciones sociales. Nos encontramos con información muy diversa en la que se nos dice que, según el tipo de apego, podremos explicar por qué elegimos cierto tipo de parejas, por qué tememos al abandono, por qué nos cuesta tanto comprometernos.
El apego se ha convertido en una nueva etiqueta que nos puede ayudar a determinar y explicar quiénes somos y cómo nos comportamos. Visto así, sería muy fácil explicar el porqué de nuestras conductas, el problema viene en que: explicar la manera que tenemos de comportarnos no es tan simple como parece, ya que más allá de una etiqueta genérica, para explicar nuestra forma de actuar, necesitamos explicar las muchas variables individuales que influyen en nuestro comportamiento.
¿Qué es el apego?
Cuando hablamos de apego en psicología, lo hacemos para describir un vínculo emocional profundo que existe entre las personas. Normalmente, nos referimos a un conjunto de interacciones, de formas de comportamiento, de respuestas ante la separación y el reencuentro con personas a las que queremos, y que se desarrolla a lo largo de la vida de una persona.
Los estilos de apego
En los años 60, el psicoanalista John Bowlby dio lugar a una idea en la que se basa el concepto de apego, según lo conocemos. Bowlby decía que los bebés necesitan una figura de seguridad para desarrollarse de manera sana, y que, si su figura de seguridad fallaba, el niño desarrollará un estilo de apego determinado que arrastrará hasta la adultez. Según su teoría, el apego actúa como un sistema cuya función se basa en buscar seguridad y protección.
Dividió los estilos de apego en los cuatro siguientes, dando a cada uno unas características específicas y asumiendo que estas serían determinantes a lo largo del tiempo y a lo largo de la vida de la persona:
Apego seguro
Se corresponde con personas, cuya figura de seguridad ha sido consistente y por lo tanto se consideran personas confiadas que tendrán relaciones equilibradas con su entorno.
Apego evitativo
Se definen con este tipo de apego, personas cuyos cuidadores han sido distantes y que en consecuencia, las personas que tienen apego evitativo, tenderán a evitar la creación de vínculos.
Apego ansioso
En este tipo de crianza, suponemos que la persona cuidadora actuaba de manera ambivalente respecto de los cuidados, por lo que la persona mantendrá miedo al abandono y necesidad de aprobación.
Apego desorganizado
El cuidador se define como una fuente de miedo, por lo que la persona a lo largo de su vida tendrá dificultades para discernir entre amor y peligro.
Parece que tiene sentido, pero Bowlby asumía que este patrón nos definirá en nuestra vida, por el hecho de haber sucedido en nuestra infancia, y esto puede que no esté tan claro. Imagina que tu vida es una casa, siguiendo la teoría clásica del apego, podríamos decir que en la infancia se crea tu edificio y así permanece para siempre.
Sin embargo, sabemos, que, aunque lo que aprendemos en la infancia, puede ser parte de los pilares nuestro edificio, el resto de las cosas que vamos aprendiendo a lo largo de nuestra vida, van reformando esta casa y vamos orientándola hacia dónde queremos dirigirnos. Nuestros aprendizajes no son estáticos a lo largo del tiempo, sino que son ramas de un gran árbol que podemos, podar a lo largo de nuestra vida.
Qué nos gusta en general de la teoría del apego
Al igual que pasaba con las etiquetas diagnósticas o con el eneagrama, el apego nos da una descripción con la que podemos sentirnos identificados. Esto puede darnos sensación de seguridad.
Nos habla del pasado y del presente, además, al considerarse determinante, incluso nos puede dar información de como seguiremos siendo en el futuro.
¿Cuáles son los principales problemas que se encuentran en la teoría del apego?
Las personas aprendemos durante toda nuestra vida. Lo que aprendimos en la infancia tiene valor, pero no definirá completamente el resto de nuestros aprendizajes, ni los aprendizajes que se den en los primeros años de vida, realmente son más importantes que los que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida.
No podemos reducir tanto el comportamiento humano. Los seres humanos somos complejos y nos influyen muchas cosas que vamos aprendiendo a lo largo de nuestra experiencia, vamos desarrollándonos, cambiando y adquiriendo herramientas. En lo que se refiere a las relaciones sociales también funciona así, por lo que no podríamos simplemente clasificarlo en cuatro categorías.
El riesgo de que lo que pensamos se cumpla. A veces, si convertimos nuestro estilo de apego en nuestra identidad, podemos caer en el error de actuar a través de la etiqueta y no basándonos en nuestros propios valores. Esto hará que si nos comportamos pensando en cómo lo haría “alguien con apego evitativo” definitivamente nuestras acciones encajen con cómo creemos que se comporta alguien que tiene “apego evitativo”
¿Qué vemos atractivo además de sentirnos identificados con él?
- Son categorías fáciles de entender
- Nos podría ayudar a evadir la responsabilidad de algunas de nuestras conductas
- Nos da una explicación sencilla y entendible a problemas complejos.
Qué alternativas hay para explicar que mi crianza afecta en mi vida presente
Podríamos decir que el apego es un conjunto de aprendizajes. Los bebés y los niños pequeños, hasta una edad determinada, no tienen habilidades para expresar lo que necesitan explícitamente, esto hace que comuniquen a través del llanto o a través del enfado. Si cuando el bebé llora, le damos comida, aprenderá que el llanto es una señal para que, las personas que están a su cuidado le den comida, y cuando tenga hambre, llorará.
De esta manera, aprendemos que si siendo niños al llorar, alguien venía a consolarnos y esto nos hacía sentir seguros y bien, al crecer entendamos que darle atención a alguien que se siente mal es importante para hacerle sentir mejor.
Si, por el contrario, después de una rabieta la respuesta es una regañina, el aprendizaje es que enfadarse no es la mejor opción, porque después del disgusto, vendrá algo casi más desagradable todavía.
En el caso de que la respuesta es inconsistente, en ocasiones hay atención y cariño y en otras hay riña, es posible que desarrollemos la capacidad de estar alerta ante esta respuesta, porque no sabemos si va a ser agradable o desagradable.
Así, a lo largo de la infancia vamos aprendiendo de las personas que nos crían. Pero al igual que aprendemos a comunicarnos de una manera más efectiva que el llanto, también tenemos la capacidad de aprender qué técnicas, a la hora de relacionarnos, son útiles y cuáles no lo son tanto.
El apego no eres tú
En la actualidad, podemos decir que los estilos de apego pueden ser útiles para entender un patrón determinado en una conducta específica, teniendo en cuenta lo que hemos aprendido en el pasado, pero usar uno de los estilos de apego para etiquetarnos, puede hacer que nos identifiquemos con la propia etiqueta, más que con nuestra conducta.
No eres tu apego, de la misma manera que no podríamos escoger una de tus experiencias vitales para definirte completamente. En general, somos personas que hemos adquirido herramientas para desenvolvernos en el mundo de la manera más habilidosa posible.
Sería un error convertir el apego en nuestra identidad, porque en ese caso podríamos caer en la desesperanza de decir que “como mi apego es evitativo, nunca podré tener una relación sana” y de esa manera, nunca esforzarme por ello. Haciendo que esta afirmación finalmente se cumpla, aunque el motivo de que se cumpla no sea mi tipo de apego, sino mi falta de implicación en dicha relación.
¿Hay alternativas a mi tipo de apego?
Cuando vamos creciendo vamos aprendiendo de las situaciones que nos ocurren en la vida y esto puede generar ciertos miedos que vienen de experiencias pasadas, estos miedos realmente son naturales, y debemos aceptarlos como parte de nuestra experiencia vital, no como normas determinantes e inamovibles para el resto de la vida.
Una etiqueta sobre la crianza no tiene porqué definir quienes somos, aunque según nuestro aprendizaje podamos “actuar desde el miedo” o que ciertas situaciones nos generen más enfado que otras. Las sensaciones que tenemos no definen quienes somos. Igual, ante las situaciones que vivimos,
En definitiva, el apego no es una sentencia de por vida. Podría ser parte del mapa que hemos recorrido, pero no dirige el camino que nos queda por recorrer. Puede mostrarnos de dónde venimos, pero no tiene por qué determinar dónde vamos.
En los últimos tiempos, se ha pensado que los estilos de apego serían una marca indeleble, que nos acompañaría desde nuestra infancia durante toda nuestra vida, pero realmente no es más que un conjunto de herramientas que de alguna manera nos han servido y han sido útiles para regularnos, gestionar la cercanía y responder ante el rechazo.
En lugar de preguntarnos ¿cuál es nuestro tipo de apego? Podríamos preguntarnos ¿Cómo me comporto con los demás? ¿Qué tipo de relaciones tengo? Y ¿cómo podría mejorarlas en el caso de necesitarlo? De esta manera, no pondremos una etiqueta, sino que podremos dirigir nuestro comportamiento hacia el camino que realmente queremos, y estar abiertos a seguir aprendiendo a lo largo de la vida. Aunque esto incluya exponernos a situaciones que quizás antes evitábamos por miedo a que se repitiesen experiencias pasadas. Poder relacionarnos desde el presente, nos llevará tener relaciones de amistad, pareja o, mucho más sanas, libres y reales.
Nuestra historia de apego no nos define para siempre. Es parte de nuestra experiencia vital, y esto puede servirnos para revisarla y cuestionarla, y ver qué hemos aprendido de ella. No podemos eliminar las experiencias que hemos vivido, pero sí podemos decidir el camino que queremos seguir en el presente.
Si crees que tus aprendizajes en el pasado pueden estar interfiriendo de manera negativa en tu futuro, no dudes en contar con nosotros

Preguntas frecuentes sobre los estilos de apego
¿Cómo sé qué estilo de apego tengo?
Los test en redes que nos ayudan a identificar cuál es nuestro tipo de apego suelen ser muy simples y genéricos. Quizás en lugar de preguntarnos cuál es nuestro tipo de apego, la pregunta podría dirigirse a ¿Cuáles son mis comportamientos en mis relaciones? ¿Cómo me siento ante el rechazo? ¿Cómo me comunico con la gente a la que quiero? ¿Cómo me afecta la manera que tienen ellos de interactuar conmigo?
Quizás estas preguntas sean más útiles para el desarrollo tus habilidades interpersonales.
Ten en cuenta que no siempre nos comportamos de la misma manera con todas las personas cercanas de nuestro alrededor.
¿El apego inseguro se hereda?
El estilo de apego no se transmite de manera genética de padres a hijos, pero nuestro primer aprendizaje parte de lo que vemos en nuestro entorno seguro. Las personas que nos cuidan son las encargadas de enseñarnos nuestro primer kit de herramientas para desenvolvernos con otras personas, esto puede hacer que repitamos algunas conductas, pero esto también significa que podemos aprender a comportarnos de otra manera.
¿Se puede tener una relación sana con estilos de apego opuestos?
Para tener una relación sana es importante que existan buenas habilidades comunicativas, que existan objetivos comunes y que la relación se ajuste a lo que necesita cada persona, de esta manera se pueden tener relaciones sanas, independientemente de la categorización que hagamos sobre el apego de cada uno de los participantes en ella.
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