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MITOS SOBRE LAS EMOCIONES

Publicado el 22 enero 2021 - #Conocimientos

mitos de las emociones

Existen muchos mitos entorno a las emociones. Por ejemplo, nos han enseñado que sentir emociones, comúnmente llamadas negativas, es sinónimo de que estamos mal y que estar bien implica sentir emociones positivas como la alegría o la ilusión.

Por este motivo desde pequeños nos dicen que no lloremos, que no es para tanto y que hagamos cosas para distraernos de esa sensación tan negativa.

En este blog explicamos brevemente 4 mitos sobre las emociones que casi todos hemos pensado en algún momento de nuestra vida.

Los sentimientos negativos me limitan y no me dejan hacer nada

Normalmente relacionamos que cuando estamos «mal» no «podemos» hacer determinadas cosas o que las emociones nos impiden hacer otras. Es común escuchar frases como:

  • No puedo hacer esa exposición porque tengo ansiedad.
  • Si no tuviera miedo haría tantas cosas.
  • Si estuviera alegre quedaría con mis amigos.

De esta forma, establecemos una relación causal entre la emoción y el poder o no poder hacer algo. No obstante, las emociones no son la causa de que podamos hacer determinadas cosas. No podemos esperar a tener emociones positivas para enfrentarnos a la vida. Como hemos dicho en alguna ocasión, si seguimos esperando a estar preparados o a sentirnos bien para hacer las cosas, nos pasaremos la vida esperando. Esas acciones que nos estamos perdiendo las podríamos hacer CON las emociones negativas.

  • Hacer la exposición con miedo.
  • Ir al cine con tristeza.
  • Quedar con amigos con apatía.

Es difícil llegar a asumir que somos nosotros y no las emociones quiénes nos impedimos hacer lo que realmente queremos.

Las emociones desagradables son peligrosas e incontrolables

Muchas veces cuando sentimos una emoción de manera intensa podemos sentirnos en peligro, como si la propia emoción manejara los actos. Lo que solemos hacer en estos casos es intentar controlar la emoción suprimiéndola, bloqueándola o reprimiéndola. Claro que al final, las emociones que no se gestionan se van haciendo cada vez más intensas. Y, cuanto más intensa, más sensación de incontrolabilidad. Y, cuanta más falta de control, más intentamos hacemos por bloquearla. Esta forma de hacer frente a las emociones desagradables se termina convirtiendo en un ciclo infinito de lucha contra lo que sentimos.

mitos emociones

Por lo tanto, para una buena gestión emocional es importante saber que las emociones son siempre buenas. Las emociones son señales de nuestro cuerpo que merecen ser escuchadas. Las emociones no pueden dominarse y, cuánto más se intente, mayor será el fracaso y la intensidad emocional.

Sentir ciertas cosas es de personas débiles

Se nos ha enseñado que las personas fuertes sienten continuamente emociones como seguridad, alta autoestima, serenidad y calma. Las personas fuertes no sienten inseguridad ni miedo y tampoco lloran. Se mantienen impasibles ante las adversidades y estímulos aversivos.

Para resolver este mito debemos de partir de la base (científicamente estudiada) de que todas las personas sentimos todas las emociones. No existen las personas que sólo sienten emociones «positivas». Las emociones no son características de la personalidad. Sentir determinadas cosas no nos convierte en un determinado tipo de persona.

Cuando siento cosas negativas creo que soy una mala persona

Desde la religión se nos enseña que algunas emociones «negativas» son pecados capitales como la envidia, los celos, el odio y la ira. Por eso, es normal creer que por el hecho de sentir estas emociones somos malas personas. No obstante, los sentimientos no definen quienes somos o si somos buenas o malas personas. Las emociones no juzgan. Lo que podría ser juzgable en todo caso es lo que hacemos con esas emociones, cómo las regulamos y cómo nos comportamos.

Por ejemplo, sentir envidia es totalmente normal, no nos hace malos ni «envidiosos». La envidia nos avisa de que a lo mejor deseamos algo que tiene otra persona. Es una emoción que nos ayuda a darnos cuenta de las cosas que queremos y deseamos y nos puede ayudar a poner en marcha comportamientos para conseguir aquello que anhelamos. No obstante, si tenemos envidia del coche del vecino y se lo rayamos entonces no estamos haciendo una buena gestión de la envidia. Si en cambio nos planteamos si queremos ese coche o no y nos encaminamos a conseguir uno estaríamos haciendo una mejor gestión.