Blog

La resiliencia en el trauma qué es y cómo funciona

Publicado el 16 febrero 2026 - Sin categoría

que es la resiliencia en el trauma

La resiliencia es la capacidad de adaptarnos a momentos difíciles y seguir adelante, incluso cuando no podemos cambiar lo que está pasando. No significa ser fuerte todo el tiempo ni mantener una actitud positiva forzada, sino aprender a responder a las situaciones que duelen sin quedarnos atrapados en ellas. La resiliencia no se construye sola, nace del apoyo, de las experiencias que nos enseñan, del autocuidado y de nuestra forma de actuar frente al malestar. Se practica cada vez que damos un paso hacia adelante aunque tengamos miedo, tristeza o dudas. 

Implica reconocer que habrá días en los que solo podamos sostenernos y otros en los que podremos avanzar un poco más. No busca eliminar el dolor, sino permitirnos vivir con él sin perder de vista aquello que es importante para nosotros. Parte de este proceso consiste en respetar nuestros tiempos, pedir ayuda cuando lo necesitemos y aceptar que cada persona transita el malestar de forma distinta. Ser resilientes no es llegar rápido a la calma, sino aprender a caminar incluso cuando el camino está lleno de incertidumbre.

Además, la resiliencia está muy presente en la superación del trauma. Cuando vivimos experiencias que nos sobrepasan, la mente y el cuerpo necesitan tiempo para reorganizarse y volver a sentirse seguros. Ser resiliente no es olvidar lo ocurrido, sino aprender a integrarlo sin que defina toda nuestra identidad.

La resiliencia, aunque forma parte de la vida, suele despertar muchas dudas: ¿cómo funciona?, ¿se aprende? Comprenderla no sólo ayuda a atravesar mejor las dificultades, sino también a reconocer nuestras propias herramientas para cuidarnos. 

La resiliencia es un proceso que se va construyendo con el tiempo. Comprender cómo funciona nos permite relacionarnos mejor con el malestar.

Ser resiliente no significa dejar de sentir, sino convivir con lo que sentimos sin que eso nos detenga. Cuando intentamos evitar el dolor a toda costa, este suele intensificarse. En cambio, si lo reconocemos y lo escuchamos, podemos tomar decisiones más claras. La resiliencia aparece en esas pequeñas acciones que damos incluso cuando la emoción sigue presente. A veces avanzar no es sonreír, sino aceptar que algo duele y seguir caminando.

La resiliencia no depende de “pensar positivo”, sino de actuar según lo que tiene valor para nosotros. Se trata de preguntarnos qué queremos cuidar, hacia dónde queremos crecer y qué decisiones nos acercan a esa vida que queremos construir. Podemos sentir tristeza y aun así elegir cuidarnos, pedir ayuda o seguir apostando por un proyecto. No hace falta estar bien para dar un paso. Hace falta saber hacia dónde queremos ir.

Ser resiliente no es resistir solo. Muchas veces lo que nos ayuda a salir adelante es una conversación sincera, un abrazo, alguien que nos escucha o un entorno que nos sostiene. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, es parte de la adaptación. Los vínculos saludables actúan como una red que amortigua los golpes emocionales. La resiliencia también se construye con otros, no solo desde la fuerza individual.

La resiliencia no ocurre de un día para otro, sino que se despliega en un proceso con distintos momentos. Cada etapa cumple una función y conocer estas fases nos ayuda a no exigirnos más de la cuenta y a entender que adaptarnos lleva tiempo, cuidado y pequeñas decisiones conscientes.

Cuando ocurre algo inesperado o doloroso, podemos sentirnos confundidos, paralizados o sin energía. Esta reacción es natural y no significa que estemos fallando. El cuerpo y la mente necesitan tiempo para asimilar lo ocurrido. En esta fase, presionarnos para “estar bien” solo nos hace daño. Lo primero es reconocer el impacto sin exigirnos respuestas inmediatas. Permitirnos vivir esta desorganización es el primer paso para empezar a reorganizarnos después.

Con el tiempo empezamos a poner nombre a lo que sentimos y a entender la situación poco a poco. No buscamos explicaciones perfectas, solo entender lo suficiente para poder orientarnos. Cuando logramos mirar lo que ocurre sin evitaciones, podemos empezar a tomar decisiones. Esta claridad no elimina el dolor, pero nos ayuda a situarnos en él. Comprender es empezar a recuperar el control sobre nuestra vida.

Aceptar no es resignarse ni estar conformes, es dejar de pelear con lo que no podemos cambiar. Cuando dejamos de luchar contra la emoción, nos damos permiso para sentir lo que sentimos sin juicio. Esto reduce la carga interna y libera energía para enfocarnos en cosas que sí podemos cambiar. En lugar de forzar una recuperación rápida, aceptar nos permite avanzar a nuestro propio ritmo y con mayor claridad.

En esta etapa, comenzamos a tomar decisiones que nos ayudan a reconstruirnos. No importa si son grandes o pequeñas, como: descansar, retomar hábitos, pedir apoyo, cerrar una etapa, volver a intentar algo. Avanzar es actuar a favor de lo que queremos cuidar en nuestra vida. La resiliencia se expresa en los pasos que damos y son estas acciones, sostenidas con el tiempo, las que van dando forma a nuestra recuperación.

Con el tiempo, empezamos a mirar la experiencia desde otro lugar. No porque haya dejado de doler, sino porque hemos creado una nueva forma de vivir con ella. Quizás cambiamos prioridades, aprendemos a cuidarnos diferente o valoramos más lo que antes pasaba desapercibido. La experiencia deja de ser una herida abierta para convertirse en parte de nuestra historia, no como un peso, sino como un aprendizaje.

La resiliencia no se expresa de una sola manera. Adaptarnos implica un equilibrio entre sentir, interpretar y actuar.

Es la capacidad de sentir tristeza, miedo o frustración sin que esas emociones nos paralicen. Surge cuando aprendemos a escucharnos sin presionarnos y sin castigarnos por sentir. No se trata de controlar las emociones, sino de permitirlas y sostenernos con ellas. La resiliencia emocional nos recuerda que la vulnerabilidad también es parte del cuidado.

Tiene como punto clave el apoyo. Crear relaciones donde podamos pedir ayuda, compartir vulnerabilidad y sentirnos acompañados hace que los momentos difíciles sean más llevaderos. No siempre necesitamos consejos, a veces solo un espacio donde sentirnos escuchados. El apoyo social no nos quita el dolor, pero sí nos ayuda a cargarlo.

Consiste en flexibilizar nuestra manera de interpretar lo que ocurre. No es pensar de forma optimista, sino ver alternativas donde antes solo veíamos un problema. Poder entender que la vida también puede reorganizarse nos ayuda a buscar soluciones creativas. La flexibilidad mental abre caminos que el miedo muchas veces bloquea.

Tiene que ver con lo que hacemos cuando las cosas se complican. Aunque no podamos controlar el resultado, sí podemos elegir acciones que nos cuiden: pedir apoyo, poner límites, descansar. Cambiamos nuestra vida a través de lo que hacemos, no a través de lo que sentimos. Lo que sentimos nos informa de lo que necesitamos, pero son nuestras decisiones las que empiezan a materializar esos cambios.

Estas características muestran cómo algunas personas consiguen cuidarse y avanzar incluso en medio de la dificultad.

Una persona resiliente no intenta evitar sus emociones ni disfrazarlas de optimismo. Se da tiempo para sentir tristeza, incertidumbre o frustración sin juzgarse por ello. Reconoce que el dolor también forma parte de la vida y permite que esté presente sin luchas internas. Su fortaleza no viene de ignorar lo que siente, sino de sostenerlo con paciencia.

En lugar de actuar para complacer o aparentar fortaleza, elige lo que le acerca a una vida coherente con sus prioridades. La resiliencia se muestra en pequeños actos como pedir ayuda, poner límites o retomar actividades que aportan bienestar. No espera a sentirse “ bien” para avanzar, sino que avanza desde su realidad emocional.

Una persona resiliente no lo resuelve todo en soledad. Reconoce cuándo necesita apoyo y busca personas que puedan escuchar sin juzgar, aconsejar sin imponer y acompañar sin invadir. Para ella, cuidar la red de relaciones también es una forma de cuidarse a sí misma. 

En vez de desgastarse intentando cambiar lo incontrolable, aprende a reorganizarse. Aceptar la realidad no significa conformarse, sino dejar de luchar con lo que ya no depende de nosotros. Esta flexibilidad permite enfocarse en acciones posibles, aunque sean pequeñas. Adaptarse también es un acto de autocuidado.

que es la resiliencia en el trauma

Sí, la resiliencia se desarrolla a lo largo de la vida. Cada vez que atravesamos una dificultad y aprendemos a sostenernos con cuidado, estamos fortaleciendo esa capacidad. No es una meta, sino un proceso continuo.

No. Ser resiliente implica sentir el dolor sin quedarnos atrapados en él. Las emociones intensas no desaparecen por “ser fuertes”, pero podemos aprender a convivir con ellas mientras avanzamos en la dirección de lo que nos importa.

Cada persona la desarrolla de forma distinta, según su historia, sus vínculos y los recursos que ha tenido a lo largo de su vida. Aun así, todos podemos fortalecerla con práctica, hábitos saludables y apoyo adecuado. Nadie nace “sin resiliencia”, solo con caminos diferentes para construirla.

Una persona que atraviesa una pérdida o un cambio doloroso, se permite sentir el impacto, pide apoyo si lo necesita y poco a poco empieza a elegir lo que le hace bien. No es alguien que “no sufre”, sino alguien que continúa construyéndose, con heridas, pero también con intención.

¿Quieres concertar una cita en Acimut?

Si buscas un psicólogo en Madrid que te ofrezca un espacio seguro y personalizado, estamos aquí para ayudarte. Si estás pasando por una pérdida, un cambio importante o una etapa complicada, en Acimut encontrarás un lugar donde poder reconectar contigo mismo, ayudándote a fortalecer tu bienestar y tus recursos para avanzar a tu propio ritmo.

Estaremos encantados de ayudarte en nuestro centro Acimut Psicología Aplicada en la calle de Cristóbal Bordiú, 42, Madrid. Puedes concertar una cita en nuestro centro de psicología en Chamberí con nuestros especialistas en el correo info@acimutpsicologia.com o en el teléfono 722 112 469

En Acimut Psicología Aplicada ayudamos a establecer nuevos rumbos.

En nuestro gabinete de psicología en Chamberí podemos ayudarte. También tenemos servicios de terapia online si no vives cerca de Madrid o Chamberí.

La resiliencia en el trauma qué es y cómo funciona

Leer más