Dismorfia corporal Por qué no me veo cómo me ven los demás
Publicado el 23 febrero 2026 - Sin categoría
Puede que te mires al espejo y algo no encaje. Quizá sientes que hay partes de tu cuerpo que “no están bien”, aunque quienes te rodean insisten en que te ven perfectamente. O tal vez comparas tu imagen con fotos o con otras personas y tu mente siempre encuentra un defecto.
La percepción que tenemos de nuestro cuerpo no es un reflejo exacto de la realidad, sino el resultado de pensamientos, emociones, inseguridades y experiencias que a veces distorsionan lo que vemos. En ciertos casos, esta diferencia entre cómo te ves tú y cómo te ven los demás puede estar relacionada con lo que llamamos dismorfia corporal, un patrón en el que la mente se vuelve hipersensible a detalles que los demás apenas notan o ni siquiera existen.
En este artículo vamos a explicar por qué ocurre esta distorsión, cómo se forma y qué señales pueden indicar que tu relación con tu imagen corporal necesita más atención. También veremos qué puedes hacer para empezar a mirar tu cuerpo desde una perspectiva más amable y menos filtrada por la autocrítica.
Qué significa no verme como me ven los demás
No verse como los demás te ven no es como muchos dirían “tener baja autoestima”. Para muchas personas, es una experiencia confusa y desgastante: te miras en el espejo, en una foto o en el reflejo de una ventana, y sientes que algo en tu apariencia “no encaja”, aunque quienes te rodean no perciban nada extraño.
Lo que ocurre no es una falta de objetividad, sino una distorsión perceptiva influida por algunas emociones, creencias e inseguridades. La mente no siempre muestra la realidad tal cual es; a veces la filtra.
La diferencia entre percepción y realidad: cómo la mente distorsiona
La imagen corporal no es un hecho visual, es una experiencia mental. Esto significa que tu percepción está mediada por:
- expectativas sobre cómo “deberías” verte
- comparaciones constantes
- posibles comentarios pasados que te marcaron
- emociones del momento
- patrones de autocrítica muy fijos
Es posible que observes detalles mínimos y les des un significado enorme, mientras otras personas ni siquiera los registran. Cuando la mente se fija en algo que considera un “defecto”, lo amplifica y lo convierte en el centro de tu atención, distorsionando la manera en que interpretas tu cuerpo.
El espejo interno: pensamientos, emociones y comparación social
No te miras solo con los ojos: te miras con tus pensamientos y con tu historia. Si arrastras críticas, inseguridades o experiencias en las que tu cuerpo fue objeto de juicio, es más probable que tu atención se enfoque justo en aquello que te preocupa.
Además, vivimos rodeados de imágenes idealizadas y filtros. Esto facilita caer en comparaciones que no son reales y hace que tu propio cuerpo se sienta insuficiente. La comparación social no solo influye en cómo te ves, sino también en cómo interpretas lo que ves.
Cuando esta distorsión empieza a generar sufrimiento
No verse como los demás te ven no es un problema por sí mismo. La dismorfia corporal se vuelve preocupante cuando:
- la autocrítica ocupa buena parte del día
- sientes ansiedad al verte o al imaginar cómo te ven
- evitas fotos, espejos o situaciones sociales
- te comparas de forma compulsiva
- tu estado de ánimo empieza a depender de cómo crees que te ves.
Cuando la percepción corporal empieza a condicionar cómo te sientes, cómo actúas o cómo te relacionas, estamos ante un patrón que merece más atención y cuidado.
A qué nos referimos cuando hablamos de dismorfia corporal
La dismorfia corporal no significa “ser muy crítico con tu cuerpo”, sino experimentar una preocupación intensa y persistente por uno o varios aspectos de tu apariencia, que los demás suelen percibir como normales o insignificantes.
Esta diferencia entre lo que ves tú y lo que ven los demás no es voluntaria: es una distorsión perceptiva alimentada por algunos factores psicológicos como la ansiedad, atención selectiva y pensamientos muy repetitivos.
Explicada la dismorfia corporal de una forma más simple: tu mente se vuelve hipersensible a un detalle y lo agranda hasta que parece definirlo todo.
Una imagen corporal que no coincide con la realidad
En la dismorfia corporal, la imagen que tienes de ti no coincide con la realidad, pero se siente completamente verdadera.
Puede ocurrir con:
- la piel
- el peso
- la forma de la cara
- el cabello
- alguna parte concreta del cuerpo
- o incluso una sensación general de “algo está mal en mí”
La mente fija la atención en ese detalle y lo sobreinterpreta. Es como si tuvieras una lupa mental enfocada siempre en lo mismo: cuanto más lo miras, más defectuoso parece.
Señales comunes: comprobaciones, inseguridad, evitación…
Aunque cada persona lo vive a su manera, hay ciertos patrones que aparecen con frecuencia en relación a la dismorfia corporal. Algunos ejemplos podrían ser :
- Mirarte repetidamente en espejos o evitar por completo verte.
- Compararte de forma constante con otras personas o con tus propias fotos.
- Buscar reafirmación continua: “¿se nota?”, “¿está bien?”, “¿lo ves raro?”.
- Editar o retocar todas tus fotos antes de mostrarlas.
- Sentir vergüenza o ansiedad intensa por tu apariencia.
- Evitar planes, fotos o lugares donde sientes que “te van a ver”.
Estas conductas, aunque cotidianas, no son simples manías: son intentos de reducir la ansiedad que genera la preocupación corporal, aunque a largo plazo la alimentan.
Diferencia entre inseguridad normal e indicadores de alarma
Tener inseguridades es humano. La diferencia está en la intensidad, la frecuencia y el impacto en tu vida diaria. Cuando tu apariencia empieza a dirigir tus pensamientos, tus comportamientos o tus relaciones (la preocupación ocupa demasiado tiempo, condiciona decisiones o actividades, genera un esfuerzo constante por “corregir” o “ocultar”…), estás ante un patrón que merece comprensión y cuidado.
Por qué mi mente insiste en que “hay algo mal en mi cuerpo”
Sentir que “hay algo mal” en tu cuerpo, incluso cuando las personas de tu entorno no lo perciben, no es un capricho ni un fallo de autoestima. Es el resultado de cómo tu mente procesa la información, especialmente cuando hay ansiedad o experiencias previas que han dejado huella.
La percepción corporal no es un reflejo nítido de la realidad: es un proceso psicológico complejo, influido por emociones, memorias, creencias, comparaciones y hábitos de atención que terminas repitiendo sin darte cuenta.
Comprender estos mecanismos es clave para dejar de culparte y empezar a mirarte con más compasión.
El papel de la ansiedad y la hiperfocalización: cuando la atención se vuelve un microscopio
La ansiedad modifica la forma en la que percibes tu cuerpo. Cuando un rasgo físico se convierte en motivo de preocupación, tu mente empieza a vigilarlo como si fuera una señal de peligro. No lo hace por maldad, sino por un instinto de protección mal dirigido.
Este mecanismo se conoce como hiperfocalización:
- tu atención se centra en un detalle muy concreto
- lo examinas varias veces al día
- lo comparas mentalmente con estándares irreales
- y cada pequeña variación adquiere un significado enorme
La atención actúa como un microscopio: todo lo que amplifica parece más importante de lo que realmente es.
El problema no es el rasgo en sí, sino la cantidad de atención y significado que tu mente le asigna. La percepción se deforma no por el cuerpo, sino por la intensidad del foco mental.
Comparación constante: el impacto de las redes sociales y las narrativas internas
Nunca en la historia habíamos estado expuestos a tantas imágenes perfectamente editadas. Las redes sociales, los filtros, la luz artificial y el contenido cuidadosamente seleccionado generan estándares que no son reales, pero que tu mente interpreta como referencia.
Con el tiempo esta exposición puede generar una idea corporal imposible, la sensación de “ser inferior” o la impresión de que tu cuerpo es inadecuado y de que “deberías ser así”. Pero la comparación no ocurre solo con redes sociales: aparece también con memorias de tu “yo del pasado”, con cómo te gustaría verte o incluso con cómo crees que “debería” ser tu cuerpo según los demás.
Tu mente construye entonces un marco de referencia exigente e inalcanzable, desde el cual es fácil que cualquier rasgo natural parezca un problema. La distorsión nace de esa comparación constante, no de tu cuerpo en sí.
El control: cuanto más intento entender mi cuerpo, menos real se siente
Cuando algo te preocupa, es lógico querer comprobarlo: mirarte al espejo, hacer zoom en una foto, pedir opinión, revisar desde diferentes ángulos… Pero este intento de control tiene un efecto paradójico: alimenta la inseguridad.
Cada comprobación funciona como una señal interna que dice: “Esto es importante. Esto podría estar mal. Debo revisarlo.” Y como consecuencia disminuye la confianza en tu cuerpo y aumenta tu ansiedad. Tu mente deja de relacionarse con tu cuerpo de manera natural y empieza a hacerlo desde la vigilancia. Es como observarte continuamente desde fuera, buscando imperfecciones. Este patrón genera una especie de desconexión corporal: tu imagen se vuelve más rígida, menos fiable y más vulnerable a la distorsión. No es que tu cuerpo cambie; es tu relación con él la que empieza a tensarse.
Cómo puedes empezar a relacionarte de otra forma con tu imagen corporal
Cambiar la forma en que te ves no empieza por cambiar tu cuerpo, sino por transformar la relación que tienes con él. No se trata de convencerte de que “todo está bien”, sino de aprender a observar tu imagen con más flexibilidad, menos urgencia y menos juicio. Esto no borra la incomodidad de un día para otro, pero sí abre un espacio donde tu cuerpo deja de ser una fuente constante de amenaza. Te propongo tres cambios prácticos que pueden ayudarte a construir una percepción más realista y amable.
Reducir rituales de control y búsqueda de seguridad
Los rituales de comprobación pueden parecer estrategias de tranquilidad, pero en realidad alimentan la distorsión. Actúan como un refuerzo que le dice a tu mente: “esto es peligroso, debes vigilarlo”.
Reducirlos no significa evitarlos totalmente, sino empezar a modular la frecuencia y el impulso. Cuando estos rituales disminuyen, la mente deja de interpretar tu cuerpo como una amenaza constante, y la percepción se vuelve progresivamente más estable y menos filtrada.
Identificar qué valoras más allá de tu experiencia
Una de las claves para flexibilizar la relación con el cuerpo es ampliar el foco.
La distorsión perceptiva tiende a reducirse a cómo crees que te ves, como si tu apariencia fuera el único aspecto relevante. Desde algunos enfoques de la psicología , un paso fundamental es volver a conectar con tus valores: aquello que te importa, te mueve y te da sentido.
Algunas preguntas útiles pueden ser:
- “¿Qué tipo de persona quiero ser independientemente de cómo me vea hoy?”
- “¿Qué quiero cultivar en mis relaciones, en mi trabajo, en mi vida?”
- “¿Qué experiencias me gustaría no seguir perdiendo por la preocupación con mi cuerpo?”
Cuando empiezas a actuar guiado/a por tus valores, tu vida se expande más allá del espejo. Y, poco a poco, la imagen corporal deja de ocupar todo el espacio mental que antes tenía.
Entender que mejorar la relación con tu mente es un proceso
Cuando llevas mucho tiempo sintiendo que tu cuerpo “no está bien” o que tu imagen no coincide con la realidad, es normal querer que esa sensación desaparezca rápido. Pero la percepción corporal no cambia de un día para otro, porque no depende solo del espejo: depende de hábitos mentales, emociones, memorias y automatismos que se han ido fortaleciendo con los años.
Por eso, mejorar tu relación con el cuerpo es un proceso progresivo, lleno de avances pequeños que suman más de lo que parece.
La imagen corporal no cambia de un día para otro
Incluso cuando entiendes racionalmente que lo que ves está distorsionado, tu mente puede seguir reaccionando como si el defecto fuera real. No es incoherencia ni falta de fuerza de voluntad: es que tu cerebro está acostumbrado a interpretar tu cuerpo desde un lugar de alerta y crítica.
Este tipo de patrones necesitan repetición, paciencia y nuevas experiencias para comenzar a flexibilizarse. Es normal que al principio sigas viendo lo mismo o que necesites tiempo para confiar en tu percepción. Nada de esto significa que no estés avanzando: significa que estás trabajando con procesos más profundos, no con una idea aislada.
Es normal tener días difíciles con tu apariencia
La percepción corporal es muy sensible al estado emocional.
En días de estrés, cansancio, conflicto o vulnerabilidad, tu mente puede aumentar el nivel de autocrítica y activar antiguas inseguridades. No porque tu apariencia haya cambiado, sino porque tu sistema emocional está más reactivo.
Esto no es un retroceso; es un patrón natural.
Reconocerlo ayuda a no dramatizar ni sacar conclusiones precipitadas como:
- “He vuelto al punto de partida”
- “Nada de esto sirve”
- “Mi cuerpo realmente está mal”.
A veces, simplemente es un día difícil. Y también forma parte del proceso.
¿Qué significa entonces avanzar?
El progreso no siempre se refleja en cómo te ves, sino en cómo respondes a lo que ves. Avanzas cuando:
- no crees automáticamente los pensamientos negativos
- puedes notar la crítica sin hundirte en ella
- reduces rituales de comprobación
- actúas según tus valores aunque aparezca la inseguridad
- o decides cuidar de ti en lugar de castigarte
Estos cambios internos son señales sólidas de transformación, aunque el reflejo del espejo aún no acompañe. La percepción corporal es lo último que cambia, no lo primero.
Por eso es importante reconocer tus avances en lo que depende de ti: la forma en la que te hablas, te miras y te tratas.

Preguntas frecuentes sobre la dismorfia corporal
¿Por qué me veo peor de lo que dicen los demás?
Porque tu percepción corporal no es un reflejo objetivo de la realidad. Está influida por tu autocrítica, experiencias pasadas, comparación social y hábitos de atención que te llevan a fijarte solo en detalles que te preocupan. Los demás ven el conjunto; tú ves el detalle que tu mente ha amplificado.
¿Es normal no verme como soy realmente?
Sí, es más común de lo que pensamos. La mayoría de personas tiene días en los que su percepción fluctúa. La diferencia está en la intensidad: si la distorsión te genera malestar frecuente o condiciona tu vida diaria, conviene prestarle atención.
¿Cómo puedo saber si lo que me pasa podría ser dismorfia corporal?
Algunas señales orientativas son: preocupación muy intensa por una parte del cuerpo, comprobaciones frecuentes (espejos, fotos, opiniones), evitación de situaciones sociales y sensación persistente de “algo está mal” aunque los demás no lo vean. No se trata de etiquetarte, sino de entender el patrón.
¿La dismorfia corporal es lo mismo que tener baja autoestima?
No exactamente. La autoestima puede influir, pero la dismorfia corporal implica un fenómeno perceptivo: la mente interpreta tu cuerpo de forma distorsionada y rígida. No es solo “sentirse inseguro”, sino experimentar una discrepancia real entre lo que ves y lo que otros ven.
¿Es posible dejar de ver mi cuerpo de forma tan crítica?
Sí. La percepción corporal puede volverse más flexible con práctica: observando tus pensamientos sin tomarlos como hechos, reduciendo rituales de comprobación y ampliando el foco hacia aspectos de tu vida que te importan más que la apariencia.
¿Por qué hay días en los que me veo peor sin razón?
Porque la percepción corporal depende mucho del estado emocional. Cuando estás estresado/a, cansado/a o vulnerable, la autocrítica se activa más fácilmente. No es tu cuerpo el que cambia, sino tu filtro mental.
¿Evitar los espejos ayuda o empeora la situación?
Depende de cómo lo hagas. Mirarte compulsivamente suele aumentar la ansiedad, pero evitarte por completo también. Lo más eficaz suele ser un punto medio: un uso más consciente y menos impulsivo del espejo.
Si te has sentido identificado/a con lo que has leído, recuerda que tu percepción no es un fallo ni una exageración: es una experiencia válida que puede cambiar con acompañamiento y nuevas formas de relacionarte con tu cuerpo. En ACIMUT Psicología trabajamos desde enfoques respetuosos y basados en la aceptación, ayudándote a construir una mirada más amable y flexible hacia ti mismo/a.
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