heridas emocionales infancia

Heridas emocionales ¿Qué es el trauma?



Llevo aproximadamente 10 años tratando traumas, estrés postraumático o heridas emocionales. Como cada uno quiera llamarlo. Me gustaría en este blog contar a qué nos referimos los psicólogos con esto por si te sientes identificada/o.

Llamamos “trauma” a una situación que te marca de una manera muy fuerte. A veces puede ser una situación como un accidente de coche, un abuso, una muerte de un ser querido. Es decir, un conjunto de situaciones que te marcan y afectan a tu autoestima, a tu valor, tus emociones…

Por ejemplo: bullying, relación complicada con una pareja, relación complicada con un padre o una madre, abusos en la infancia o adolescencia. Quiero detenerme especialmente aquí, porque es una de las heridas emocionales con las que más trabajo en consulta. Cuando una persona ha vivido abuso en etapas tan tempranas, el impacto no suele quedarse solo en el recuerdo de lo que pasó, sino que muchas veces se mete en la forma de verse a sí misma, de relacionarse con los demás y de sentir el mundo. Puede dejar una sensación profunda de vergüenza, culpa, confusión, miedo o desconexión, incluso muchos años después.

En la infancia y en la adolescencia todavía estamos construyendo nuestra identidad, nuestra autoestima y nuestra manera de vincularnos, por eso una experiencia abusiva en ese momento puede afectar de una forma especialmente profunda. Muchas veces la persona no llega a nombrarlo como abuso hasta mucho después, porque lo normalizó, porque nadie la protegió o porque aprendió a sobrevivir quitándole importancia. Y precisamente por eso me parece importante darle espacio: porque sus secuelas pueden acompañar durante años, aunque desde fuera nadie las vea con claridad.

A veces no hace falta que sea un evento único, a veces que una persona te esté machacando durante años puede ser suficiente para generar ese trauma.

Entonces, ¿qué síntomas o qué les pasa a estas personas o por qué si he pasado por algo así debería de ir a terapia? Normalmente, haber vivido algo tan duro puede llevar a varias dificultades psicológicas:

Emociones muy intensas difíciles de gestionar. Sobre todo suelen desbordar emociones como la culpa, el miedo, la vergüenza.

Sensación de no valer lo suficiente, comparaciones con los demás, falta de confianza en uno mismo y sensación de inseguridad.

Sensación de no estar en la realidad, de no conectar con el momento.

Sensaciones de estar en alerta en momentos donde no tiene demasiado sentido.

Vivir durante mucho tiempo en tensión, con miedo o en un estado de alerta constante, acaba pasando factura al cuerpo y a la mente. Muchas personas sienten un cansancio profundo que no se resuelve solo descansando, porque no tiene que ver únicamente con dormir más, sino con llevar demasiado tiempo sosteniendo un nivel de activación interna muy alto. A esto se puede sumar una sensación de estrés continuado, irritabilidad, saturación mental o dificultad para desconectar, incluso en momentos en los que, en teoría, debería haber calma.

En momentos en los que, racionalmente, sabemos que no hay un peligro real, pero el miedo aparece igualmente y se siente en el cuerpo y en la mente como si sí lo hubiera.

Darle vueltas a la cabeza tratando de buscarle una explicación a lo que ha pasado.

Dificultad para identificar hacia dónde encaminar la vida. ¿Qué quiero? ¿Hacia dónde dirijo mi vida? ¿Quién soy?

Problemas para establecer límites. Muchas personas se ven envueltas en situaciones que no querían o no saben cómo hacerse respetar.

A veces también hay personas a las que les cuesta confiar en los otros y establecer vínculos seguros y de confianza.

Nivel de ansiedad elevado, a veces la mayor parte del día durante muchos días.

Sensación de desconexión con el cuerpo, con el mundo y con uno mismo.

No todas las personas tienen todos estos síntomas, en cada persona el trauma se manifiesta de una manera, hay personas que lo llevan más a la ansiedad y otras más a la depresión…

Hay personas que están enfadadas, otras que se sienten indefensas.

Sea como fuere, pasar por algo así es duro, difícil de gestionar para cualquier persona y es prácticamente imposible que no deje secuelas. No es cuestión de voluntad ni de ser fuerte.

¿Cómo abordo todo esto en terapia? Lo hago desde un enfoque integrador, apoyado en una trayectoria de aproximadamente 10 años de formación y trabajo clínico en trauma, además de una actualización constante y una base de investigación en este ámbito. No existe una única forma de abordarlo, porque cada persona tiene una historia, unas necesidades y un ritmo diferentes.

Lo que sí puedo decirte es que tengo muchas herramientas para trabajarlo y me adapto completamente a cada paciente. Hay pacientes a los que les viene mejor una terapia más directiva, otros a los que les viene mejor la hipnosis o el mindfulness o una terapia más centrada en la gestión emocional.

Mi objetivo fundamental es que la persona adquiera un crecimiento postraumático, es decir, que pueda liberarse de las ataduras de su trauma, que pueda vivir más conectado con el presente sabiendo quién es y dirigiendo el rumbo para tener una vida más plena y satisfactoria.

Si te sientes identificada con algunas de estas experiencias o con parte de los síntomas que he descrito, pedir ayuda psicológica puede ser un primer paso importante. A veces una persona lleva mucho tiempo sosteniendo sola un malestar que no siempre sabe nombrar, pero que afecta a su autoestima, a sus relaciones, a su seguridad y a su manera de estar en el mundo. Iniciar un proceso terapéutico no significa que haya algo mal en ti, sino que estás dándole espacio a algo que probablemente lleva tiempo necesitando ser atendido.

heridas emocionales trauma

Algunos de los temas en los que más trabajo y en los que estoy especializada son los siguientes:

Cuando el daño viene del entorno familiar, suele dejar heridas especialmente profundas, porque afecta a la base desde la que aprendemos a querernos, a confiar y a relacionarnos. Aquí pueden aparecer dinámicas de control, invalidez, manipulación, críticas constantes o vínculos que generan culpa y confusión.

No todas las heridas importantes ocurren dentro de la familia o de la pareja. Hay amistades que dejan una huella muy dolorosa cuando han estado marcadas por la dependencia, la traición, la manipulación o la sensación de no haber sido respetada/o.

Las relaciones de pareja abusivas suelen afectar profundamente a la autoestima, a la percepción de una misma y a la capacidad de poner límites. Muchas personas acaban atrapadas en vínculos donde hay miedo, dependencia emocional, desvalorización o un malestar constante que cuesta mucho identificar con claridad mientras se está dentro.

El bullying puede dejar secuelas emocionales duraderas, especialmente cuando se ha vivido en etapas en las que todavía se está construyendo la identidad. A menudo afecta a la autoestima, a la seguridad personal, a la forma de relacionarse con los demás y a la sensación de sentirse válida/o.

Me refiero, por ejemplo, a haber crecido viendo cómo tus padres se maltrataban entre sí o haber convivido con un hermano violento. Aunque la violencia no se dirija siempre de forma directa hacia una persona, vivir en ese ambiente también puede generar miedo, hipervigilancia, inseguridad y una gran desorganización emocional.

Crecer o convivir con familiares con problemas de consumo puede generar mucha inestabilidad, confusión y sufrimiento. Muchas personas desarrollan una sensación constante de alerta, dificultades para confiar, necesidad de control o un peso emocional que han sostenido durante años en silencio.

heridas emocionales trauma y problemas emocionales

Cuando hablamos de heridas emocionales nos referimos a dificultades que afectan a cómo te sientes, cómo piensas, cómo te relacionas con los demás y cómo afrontas tu día a día. A veces aparecen en forma de ansiedad, tristeza, bloqueo, inseguridad, culpa o sensación de estar desbordada/o, y otras veces se manifiestan de una manera más silenciosa, como cansancio constante, irritabilidad o sensación de vacío.

Muchas veces una persona nota que algo no va bien, aunque no sepa ponerle nombre. Puede sentir que está más sensible, más irritable, con menos energía, con pensamientos que no paran o con dificultad para disfrutar de las cosas. Si sientes que tu malestar se repite, se mantiene en el tiempo o te está afectando en tu vida diaria, es muy posible que haya algo emocional que necesita ser atendido.

Sí, completamente. Todas las personas, en algún momento, pueden pasar por etapas de más fragilidad emocional. La vida a veces trae situaciones difíciles, pérdidas, conflictos, decepciones o experiencias que nos sobrepasan. Tener heridas emocionales no significa que haya algo mal en ti, sino que probablemente has vivido algo que te ha afectado y que necesita un espacio para ser comprendido y trabajado.

Sí, muchas veces tienen mucho que ver con lo que hemos vivido. Hay experiencias del pasado que dejan una huella profunda, aunque hayan ocurrido hace años. A veces hablamos de una situación concreta y muy dolorosa, y otras veces de una acumulación de vivencias que han ido dañando la autoestima, la seguridad o la forma de relacionarse con los demás. Lo que vivimos no siempre se queda en el pasado si no ha podido ser elaborado.

Sí, y de una forma muy importante. Los abusos vividos en la infancia o en la adolescencia pueden dejar secuelas emocionales profundas, porque ocurren en etapas en las que todavía estamos construyendo nuestra identidad, nuestra autoestima y nuestra manera de entender el mundo. Muchas personas adultas arrastran inseguridad, culpa, miedo, hipervigilancia o dificultades en sus relaciones sin haber podido comprender del todo que parte de ese sufrimiento tiene relación con lo que vivieron en esas etapas.

No todas las personas lo viven igual, pero hay señales bastante frecuentes: ansiedad, tristeza, baja autoestima, pensamientos repetitivos, dificultad para concentrarse, cansancio, sensación de bloqueo, problemas para poner límites, miedo, irritabilidad o desconexión de una misma/o. A veces el malestar se nota más en el cuerpo, otras en la mente y otras en la forma de relacionarse, pero en todos los casos suele haber una sensación de que algo pesa demasiado por dentro.

Cuando sientes que sola/o ya no puedes con ello, cuando llevas tiempo encontrándote mal, cuando repites patrones que te hacen daño o cuando notas que ese malestar está afectando a tu vida, a tus relaciones o a tu manera de verte a ti misma/o. No hace falta estar al límite para pedir ayuda. De hecho, muchas veces empezar terapia antes de llegar a ese punto es una forma muy sana de cuidarte.

No, en absoluto. Pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino de responsabilidad y de cuidado hacia una/o misma/o. Hay momentos en los que sostener todo sola/o pesa demasiado, y poder apoyarte en un espacio terapéutico puede ayudarte a entender lo que te pasa, a darle sentido y a empezar a salir de ahí de una manera más acompañada y más respetuosa contigo.

En muchísimos casos, sí. A veces no se trata de borrar por completo lo vivido, sino de trabajarlo para que deje de condicionarte tanto, para que duela menos y para que puedas vivir con más calma, más seguridad y más claridad. Con un buen acompañamiento terapéutico, muchas personas consiguen comprender su historia, sanar heridas importantes y recuperar una forma de vivir mucho más libre y más conectada consigo mismas.

Lo primero es no quitarle importancia a lo que te pasa. Escucharte, reconocer que hay un malestar y darte permiso para pedir ayuda ya es un paso muy valioso. Muchas personas han pasado años minimizando su dolor o pensando que deberían poder con ello solas, y precisamente por eso tardan en empezar a cuidarse. Si te sientes identificada/o con estas experiencias, buscar apoyo psicológico puede ayudarte a entenderte mejor y a empezar a salir de ese lugar.

Si buscas un psicólogo en Madrid que te ofrezca un espacio seguro y personalizado, estamos aquí para apoyarte. Si te sientes identificado en algo relacionado con estas heridas emocionales, en Acimut trabajamos con herramientas adaptadas a ti.

Estaremos encantados de ayudarte en nuestro centro Acimut Psicología Aplicada en la calle de Cristóbal Bordiú, 42, Madrid. Puedes concertar una cita en nuestro centro de psicología en Chamberí con nuestros especialistas en el correo info@acimutpsicologia.com  o en el teléfono 722 112 469.

En Acimut Psicología Aplicada ayudamos a establecer nuevos rumbos.

En nuestro gabinete de psicología en Chamberí podemos ayudarte. También tenemos servicios de terapia online si no vives cerca de Madrid o Chamberí.

problemas emocionales trauma

Marta Cernuda Aspe

Número de colegiado: M-34113

Máster en Psicóloga General Sanitaria.

Experta en Hipnosis Clínica.

Experta en Trastornos de Ansiedad.

Experta en problemas de Estrés.

Experta en mindfulness con más de 10 años de experiencia.

Experta en gestión de trauma y heridas emocionales (TEPT)

Experta en gestión emocional.

Experta en Trastornos por Estrés Postraumático.

Tratamiento de fobias con hipnosis

Nivel 1 en EMDR (terapia de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares)

Profesora en la facultad de Criminología en la Universidad Camilo José Cela

Te puede interesar…

En Acimut Psicología Aplicada ayudamos a establecer nuevos rumbos

Pide una cita